La ardillita llevaba en su canasto moras, arándanos y semillitas de todos los colores para compartir con el osito Julián y con Sámbalo el mapache, y Doroti la zarigüella, y los hermanitos armadillo Plimbo, Fuchipichú y Rafa, y con toodos sus buenos amigos.
Plumkykyplún además de por sus tonadillas y carácter jovial, era conocida en todo el bosque por su natural generoso.
El día le correspondió en fecha tan señalada y no podía ser más cortés en sus formas. Dispuso un sol brillante y un cielo de un azul límpido, además de una brisa de lenta mecedora que dilataba el tiempo alegre a su soplar.
Un águila real cayó en un picado vertiginoso sobre Plumkykyplún y de un certero picotazo le arrancó el ojo derecho.

